Seguro que cada uno de vosotros tenéis una respuesta distinta a éste planteamiento. Yo tengo muchas, pero curiosamente casi todas son posteriores a mi debut en SHUa. Resulta contradictorio que cuando más se le complica a uno la vida, más felicidad provocan aquellas pequeñas cosas que pasaban desapercibidas a lo largo de ella. Como para aquellas personas a las que, para su fortuna, nada grave se les ha enfrentado y en su subconsciente prevalece el sentimiento de inmortalidad que nos ayuda a vivir la vida sin preocupaciones, como si cada nuevo amanecer fuera obligado y merecido, sin saber que para todos resulta un privilegio.

No os puedo resumir cada momento que me ha hecho feliz en este año y medio desde que me di cuenta que, cada uno de ellos debía valorarlo como si no se fuera a repetir de nuevo, hecho que me ha llevado a vivirlo todo de una manera exponencialmente más intensa. Por darle el toque de humor, a veces pienso que hubiera preferido entrar en la Casa de Gran Hermano, que los que salen dicen que causa el mismo efecto, aunque permitidme que sea reticente a creer esa afirmación.

Os cuento simplemente el que quedó gravado en mi retina, por la ansiedad que repetirlo me produjo durante todos mis ingresos que me distanciaban de mi pequeño.

Recuerdo mi primer alta hospitalaria, aquella en la que realmente creí que perdía la vida por primera vez. Ansiaba llegar a casa y pasar la noche con mi hijo, pero como os podéis imaginar ya no me bastaba un beso en la frente, arroparlo y dejarlo ahí sólo en su cama. Necesitaba el contacto de su piel como el respirar. Lo puse sobre mi pecho y lo besé hasta sonrojarle la piel, acurrucado se quedó dormido y recuerdo pasarme la noche mirándolo incluso con más intensidad que la noche que nació. Mi mirada fija en él. No quería pestañear para no perderme ni un segundo de ese momento. Sentía su pecho inflarse a cada respiración sobre el mío, mientras me abrazaba con sus bracitos y murmuraba entre sueños. Le volví a repasar cada milímetro de su cuerpo, como el que le vuelve a contar los deditos para asegurarse que está todo enterito ¿os suena?. Al final dándole la manita, abatida y con el corazón lleno de emoción por repetir algo que creí no sucedería jamás, pasé la noche observándolo en su dulce sueño, ajeno a mis miedos.

Y para vosotros … ¿Qué es la felicidad?

Os dejo un vídeo de Gabriel Rolón, psicoanalista, escritor y cantante argentino, que explica su mayor momento de felicidad cuando un hijo, enfermo de SHU Típico (provocado por la bacteria del E. coli; no cómo en mi caso que es Atípico por una mutación genética), consigue volver a orinar después de días con los riñones paralizados y sufrir una hemorragia que hizo peligrar su vida. ¡No dudéis en verlo!

http://youtu.be/YFSAIDLyhgk