Recuerdo estar tumbada en la cama de una de las habitaciones de la sexta planta. Ahora no me preguntéis en cual de ellas porque he recorrido bastantes de ese pasillo. Sí recuerdo la compañera de habitación que tenía en ese momento por la presencia de su hijo, el Msn Diego que la acompañaba esa tarde. Mi cama, la que pegaba al pasillo … ¡Cómo las odio! y es que para mi mala suerte, casi nunca he sido agraciada con la cama con vistas, lado ventana, que parece una tontería, pero ya que una sabe que va a pasarse ahí temporadas, por lo menos sentir algo de claridad en la cara parece que revive por dentro y por fuera. Además de no tener que soportar el aire acondicionado directo de encima de la puerta, la luz del pasillo que te entra deslumbrante a las retinas, estar siempre en zona de paso para admiración y deleite de todos los acompañantes habidos y por haber de cada uno de mis vecinos  que tantos esta vida me ha presentado, disponer de un asiento menos por estar en el lado más estrecho de la habitación, en fin, como veis podría enumerar bastantes desventajas que la experiencia me ha hecho aprender. ¡Qué pena no poder elegir siempre lado ventana!

Bueno, basta ya de cháchara y a lo que íbamos. Yo tenía el ánimo por los suelos esa tarde. Como siempre había pasado la mañana en la sala de diálisis con mis queridas enfermeras, siempre en el box reservado para los «casos especiales», ¡los más críticos!, ya que en pocas ocasiones compartí cama en la sala común con mis compañeros de diálisis. Mis padres habían pasado todo el día conmigo hasta que mi marido apareció después de trabajar. Estaba a doce horas, en plena parada de planta, su mujer gravemente enferma. Él pasaba muchas noches conmigo en el hospital y de día se iba a trabajar, así durante mis largos ingresos.

Había anochecido ya cuando recibo un whatsapp en el grupo de mis compañeros del colegio, sí los de la EGB; aquellos a los que no les puedes engañar ni ocultar nada sobre ti porque te han visto desde tu época del destete hasta echarte novi@/s, jajaja para los afortunados rompecorazones, que no fue mi caso precisamente. En el mensaje decía: «Merche, ¿estas ahí?»… Acto seguido de recibir mi confirmación desganada, para qué engañaros, veo descargando un vídeo y pienso … Será uno de esos típicos de risa o alguno de meditar y la verdad no tenía yo el horno para bollos aquella tarde. Cual fue mi sorpresa al abrir el vídeo que encontráis abajo … Un tráiler … Pero ¡Menudo Tráiler! ¡Eran ellos! ¡Era yo! Ufff … No creo recordar haber soltado más lágrimas de emoción en mi vida. Mirad:


Mi marido me miraba fijamente, junto con el Msn Diego, que no daban crédito a semejante brote de fluidos de mi cara en minuto y pico que duraba el vídeo. Nerviosa estaba por ver el que sería el definitivo si ése se trataba sólo de un preámbulo de lo que estaba por venir. Mi cuerpo ya no aguantaba tranquilo y relajado en esa cama. Tuve que echar a mi marido de la butaca para sentarme impaciente a escuchar el siguiente pitido del móvil que me alertase de la llegada de «MI VIDEO», jajaja. Había pasado en pocos minutos de no poder con mi vida, a llorar desconsolada recordando aquellos maravillosos años y, de repente, estar levitando en una butaca, sin ni tan siquiera notar esos muelles agotados de ser presionados por tantos traseros que se resignan a permanecer encogidos y deciden hincarse en los muslos de toda persona con la buena fe de acompañarte.

Va! Va! Va! sólo pensaba, que llegue ya! Tardó una eternidad. Entre que uno necesita ser veterano de guerra para conseguir la clave de wifi buena, sí la otra, ¡hay otra! jajaja, la secreta, pero shhhhhhhhh no se lo digáis a nadie por favor; y que tantos días de ingreso habían consumido mi tarifa de datos, esa circunferencia de descarga no avanzaba a color verde ni sacando la manivela y acompañándola con toda mi paciencia. ¡Otro día os cuento algún secretillo más! Tengo mi lista de trucos básicos y favoritos como mi Kit de supervivencia, son «Mi Tesoro» para mis ingresos. Por cierto, uno buenísimo que me ha librado de perder más de 40 kilos, que igual me hace mucha falta, pero es el sacrificio de muchos años y con el poco apetito que una tiene en esos casos, hay ciertas licencias permitidas haciendo malabares para librarse de según qué comidas tan desagradables de ver como de ingerir. La mayoría de las veces, levantar la tapa de la bandeja y sentir una arcada no distaban en el tiempo.

Bueno, por fin, ¡descargando!. Había tardado tanto que me había dado tiempo a que mis acompañantes en ése momento ya hubieran visualizado el minuto y pico de tráiler y tenerlos expectantes como yo, mirándome fijamente cómo no podía dejar de llorar.

Wow!!! No os voy a escribir nada después del vídeo que veréis más abajo porque en este momento estoy como cuando lo recibí, sin palabras ¿yo? ¡Pues si! Literalmente muda me quedé. Aproximadamente recuerdo que hora y media me duró el desconsuelo. Me había convertido en un torbellino de emociones que no articulaba palabra ni gesto alguno. Incrédula de semejante muestra de cariño, del esfuerzo que habrían tenido que invertir, de las hermosas palabras que me dedicaban, de molestarse en recopilar fotos de mias y de mis gafotas. No os riais que eran las que estaban de moda y si no, el que esté libre de pecado o no tenga una foto que le encantaría quemar, que levante la mano.

Me vais a perdonar por la osadía pero soy afortunada. Los quintos de L’Hospitalet de l’Infant del 80′ son especiales. Gente sana, siempre unidos. Tengo el mejor recuerdo de mi infancia con ellos, quedando en la plaza de debajo de mi casa, recompensa por vivir en el centro, y pasarnos las horas jugando al escondite por esas galerías, o al «Churro Mediamanga Mangotero». Si habré patinado por esas aceras en aquella época en la que tus padres eran tan valientes que te dejaban salir solo, sin custodia, para disfrutar callejeando las cercanías hasta escuchar el grito de las madres asomadas a los balcones reclamando a sus retoños para la hora de cenar.

Grandes aquellos momentos, grandes las vivencias compartidas con ellos, grandes los recuerdos que quedarán en mí mientras viva, pero más grandes son mis «quintos» VIPS por la sorpresa y el cariño demostrado. Yo también os quiero.

¡Adelante vídeo! Dadle al play con las mismas ganas que yo … Espero que os guste, aunque entiendo que la emoción que yo viví sólo la siente el protagonista.